Lluïsa Verd Marí

En poco tiempo mi vida ha dado un giro inesperado. Tengo un cuaderno de tapas duras en el que dibujo sin parar. Se ha llenado de círculos, de líneas. El lápiz es la prolongación de mi mano como lo es el soplete cuando el fuego activa los metales que acaban plegándose en formas muy variadas.

Un día iba de la mano de Agustín y él me señaló un cartel: Escuela s’Estallera. No sé qué cara puse. Creo que él leyó en mi interior. Siempre lo hace. Me regaló el curso. Otro mundo se abrió, tan rico, apasionante, que sigue y sigue, día a día. Siempre sorprendiéndome. Creo que lo que sé hoy como joyera lo he aprendido allí y ahora también me da clases el joyero Edu Marín.

Recuerdo que la primera joya que hice fue una libélula. “¡Haz algo!” me dijeron  los joyeros Toña Figueiras y Xisco Clapés. Yo llevaba un collar con una libélula y la plasmé. No sé porqué no es una figura que me entusiasme. Ahora creo que con ella, eché a volar.

Surgió VerdMarí, un sueño que se está cumpliendo. Mi vida ha dado un giro inesperado.

Nací en Palma. Dicen que soy muy “de sa terra”. Yo me siento del VerdMarí, de este mar que me ha acunado desde pequeña. A los seis meses me subieron a bordo de un barco por primera vez. Todos los veranos la casa fue aquel velero. Portocolom era la base. En mis recuerdos, mi familia huele a sal. Somos los Verd Marí. Baldufa, así se llamaba aquel velero en el que pasamos los veranos hasta que cumplí 18 años, fue el lugar de la felicidad.

Los padres se fueron bajando de Baldufa. Primero mi padre, y después mi madre. Es posible que ellos estén, de una manera que no sé explicar, en las joyas que estoy haciendo en este año y medio. ¡Mi vida ha cambiado tanto en tan poco tiempo!

Me recuerdo haciendo pulseritas. Me encanta la quincalla, ¡ojo, y también, los brillantes! Quise estudiar joyería en la Escola Massana en Barcelona pero mi padre enfermó y mi abuelo me pidió que me quedara en Mallorca. En los noventa el diseño gráfico estaba en auge, así que me hice diseñadora gráfica, aunque debo confesar que me apasiona más el interiorismo.

En general, me siento cómoda en todo aquello que tenga que ver con el arte, quizá porque lo viví en mi casa. Mi padre montó una galería de arte en Palma. Yo estudié el bachillerato artístico en Marymount Int. School en Roma. Si me pierdo, me encontraríais en esa ciudad.

El mar, sí, e Italia. Volví, esta vez a Turín, gracias a una beca que me concedieron al acabar mis estudios de diseño en Palma. A mi regreso, empecé a trabajar en distintas empresas. Todo me enseñaba. Después llegaron los años en el estudio Borisgrafic, que fueron frenéticos. Un lujo de equipo. Después di un paso más y monté el estudio de comunicación creativa Doctormarí, hasta que Camper me fichó como directora de arte en el departamento de Marketing. Estuve hasta el 2014.

¡Mi vida ha cambiado tanto en tan poco tiempo!

Hoy tengo una familia. Soy feliz haciendo lo que hago. Mis joyas muestran los giros que da la vida y en cada vuelta surgen recuerdos que ahora plasmo, sin darme cuenta.

¡Si quieres verlas, súbete a bordo de VerdMarí!